CONOCIENDO AL CHEF
FRANCESCO LEGGIO

UN CHEF DE ALTURA. Su metro con noventa y tres centímetros lo distinguen entre la medianía. No es raro que tenga las rodillas "algo machacadas" de driblar en la cancha de baloncesto, aunque prefiere planear desde las alturas nuevos juegos de sabores, uniones de sabores y aromas.

UNA ESPONJA DE CULTURAS. Nació en Palermo entre los aromas del cordero asado con hierbas de su abuela, una maravillosa cocinera del norte de Italia, que alegraba todos sus platos con salvia, y del bizcocho blanco de su madre, ese que al primer mordisco vuela por dentro como un racimo de mariposas.

En varias cocinas del norte de España, ha conocido la tradición vascofrancesa y su devoción por la materia prima. Como parte del equipo de algunos de los mejores restaurantes del mundo, como el Celler de Can Roca (Girona), o Azurmendi (Bilbao), ambos con tres estrellas Michelín, ha incorporado técnicas y conocimientos.

EN LA COSTA DEL MAR MENOR, el chef Francesco Leggio se enamoró del caldero marinero, del pescado salvaje y de los aromas de la huerta. La intensa luz murciana llega a sus platos con productos llenos de posibilidades.

DE LA ÓPERA AL SOUL DE LOS SESENTA. Las armonías de sabores del chef Leggio tienen ritmo, a veces de arias operísticas, aunque también le apasionan el soul y el heavy metal. Batir una emulsión de vinagreta o una mayonesa de miel de azahar le puede provocar unas incontenibles ganas de imitar a Marvin Gaye.